jueves, 28 de febrero de 2008

EL YUGO DE JESÚS

Objetivos:
-Aceptar el llamado de Dios en medio de las circunstancias difíciles.
-Aprender a practicar las diversas formas de acercarse a Dios para crecer espiritualmente.
-Diferenciar preocupaciones, enfermedades del alma y pecados; y la forma de superarlos.
-Visualizar el yugo de Cristo, valorando la mansedumbre y la humildad en el sendero cristiano.

Texto base:
"Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar./ Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;/ porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga"
San Mateo 11:28-29

El llamado de Dios es para todo ser humano sin excepción, pues Él no hace diferencia ni discrimina a nadie. Lamentablemente casi siempre nos acercamos a Él cuando estamos en problemas, cuando todos los recursos con que contamos ya se han agotado. Sin embargo Él no nos descarta ni rechaza por esto. Por el contrario, Dios nos llama más fuertemente cuando nos encontramos sumidos en el dolor.

Quizás su caso es éste: se encuentra en una situación límite en su vida y el Señor Jesucristo ha salido a su encuentro. Las palabras del Maestro que encabezan esta lección están dirigidas a usted. Es el llamado del Señor a su vida. Abra su corazón y su mente a estas palabras, aliméntese de ellas y verá como crecerá su fe y se ensanchará su espíritu.

"Venid a mí" dice el Señor. ¿Cómo podrá acercarse usted a Él? Sencillamente creyendo. Le sugerimos tres formas para comenzar:

1.- Orando. La oración es una sencilla, sincera y permanente conversación con Dios. No se requieren palabras especiales ni actitudes corporales determinadas. Utilice usted un lenguaje claro y directo con Dios. Llámelo por lo que es: Padre, Señor o Maestro. De acuerdo a la circunstancia y al lugar donde se encuentre usted, puede hacerlo sentado, de pie o arrodillado.

2.- Leyendo la Biblia. La lectura bíblica frecuente alimenta la mente con Su Verdad y transmite a nuestro espíritu Su Vida sobrenatural, nos llena de fe y esperanza en Él. La Biblia no es cualquier libro, es un libro sagrado que encierra la voluntad de Dios para el ser humano.

3.- Discipulándose. El discipulado es la guía o tutoría de un hermano mayor en la fe. Todo cristiano debe someterse al Señor. Esa actitud de sumisión se expresa en la sujeción a la Iglesia a través de un tutor que nos orienta, sana, enseña y ora con y por nosotros. Jesús formó discípulos para darles crecimiento. Nosotros crecemos cuando tenemos un tutor que cuida de nuestra vida espiritual.

¡Cuánta carga y trabajo llevamos en nuestra psiquis! El alma está cargada de problemas cuando Dios no ocupa un lugar preponderante en la vida de la persona. Las preocupaciones por trabajo, dinero, salud, hijos, cónyuge y todo lo que implica la vida práctica, son una pesada carga que muchas personas arrastran por la vida, les hacen perder la fuerza y no siempre saben sobrellevar. Pero también llevamos sobre los hombros, mejor dicho en nuestra conciencia, enfermedades del alma, el dolor de las heridas infringidas en nosotros en algún momento de la vida por otras personas; llevamos muchas veces traumas que no nos permiten reaccionar en la forma más adecuada; también tenemos complejos que impiden una vida feliz; culpabilidades que nos impiden tener un sueño tranquilo, son una pesada carga interior.

Jesús nos ofrece claramente Su ayuda Divina a todos los que estamos trabajados y cargados: "yo os haré descansar." Él es bueno y no nos condena. Ciertamente el ser humano es culpable de pecado, no lo podemos negar. Todos faltamos a la Ley de Dios de muchas maneras y en toda hora. Pero no sólo somos culpables, también somos víctimas de la maldad del mundo, del diablo y la debilidad de nuestra carne. ¿Qué nos ofrece Él?

1.- El perdón de nuestros pecados. Jesús murió por cada hombre y mujer pecadora en la cruz. Él pagó el precio de nuestro pecado y da la salvación a todo aquel que cree (Isaías 53:5)

2.- La sanidad del alma. Si confesamos todo aquello que nos agobia y lo entregamos a Él con fe, Jesús nos sana de toda herida hecha por el diablo en nuestra conciencia (Isaías 53:4)

Si usted ha estado en el campo, sabe lo que es una pareja o yunta de bueyes llevando el yugo sobre la cabeza y arrastrando una carga, carreta o arado. El Maestro utilizó esta imagen para enseñarnos el modo en que los cristianos debemos asumir los desafíos de la vida. Dice Él: "Llevad mi yugo sobre vosotros" Esto significa que compartimos, al igual que esa pareja de animales, su yugo o cruz con Él. ¡Qué maravillosa invitación! Imagínelo: usted es "yunta" de Él. Jesús es el Buey fuerte que nos acompaña en el diario vivir.

Yugo es algo que nos obliga a caminar mirando el sendero, también nos une a Otro que es el Señor Jesucristo. Nuestro yugo es puesto por Dios y está constituido por todo aquello que somos y es nuestra vida: las obligaciones diarias, la familia, la misión que Dios nos da, nuestras limitaciones y capacidades personales, las circunstancias de la vida que no podemos cambiar. Aceptar el yugo que Dios ha puesto sobre nosotros, es nuestra obligación.

El Señor no se detiene allí. Además nos enseña como llevar ese yugo. Nos dice: "...aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón" Ser manso es aceptar la realidad sin oponerse, asumiendo que es Dios quien la permite. Obviamente hay aspectos negativos e injustos contra los cuales podemos luchar como cristianos, pero no al punto de porfiar contra la voluntad de Dios. La imagen de la oveja, animal manso y blando, es óptima para comprender el consejo de nuestro Pastor. Ser humilde es una cualidad cristiana básica. Lo contrario es el orgullo, que se opone al consejo del Señor. Mansedumbre y humildad son la clave para llevar el yugo o cruz de Cristo.

Este consejo de Jesús encierra una promesa: "hallaréis descanso para vuestras almas" Si recibo con mansedumbre y humildad la voluntad de Dios para mi vida y no me opongo a las circunstancias difíciles, tendré como resultado el reposo del alma, el descanso en Dios. En otras palabras, si tomamos una actitud de aceptación a la cruz diaria, ésta ya no será dolorosa ni difícil, y podremos decir como Él "porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga". Entrégale tu vida y Él te hará feliz.

PARA REFLEXIONAR EN EL CENÁCULO:
1) ¿Qué circunstancias difíciles he vivido y cómo las he superado?
2) ¿Qué papel juegan la oración y la lectura de la Biblia en mi vida?
3) ¿He confiado alguna vez mi vida a un tutor o padre espiritual?
4) Escriba una oración para que Dios le ayude a superar preocupaciones, enfermedades del alma y pecados.

1 comentario:

Elena Montaner Sepúlveda dijo...

Amado pastor: leí el mensaje y es muy inspirado en el Espíritu Santo, esperaré los siguientes mensajes pues aunque aún no tengo un Cenáculo (pienso en uno como parte de la institución donde trabajo), me alimentaré de lo que Ud. exponga en este sitio.
Bendiciones
Hna. Elena